LA MEDICINA DEL LOBO NO VIENE A ENSEÑARTE A PERTENECER.
Viene a enseñarte cómo pertenecer sin desaparecer dentro de la manada.
El lobo conoce la fuerza del grupo.
Se mueve con otros.
Protege.
Comparte territorio.
Participa de algo que sería mucho más difícil sostener completamente solo.
Pero también llega un momento en que algunos lobos se van.
Dejan el territorio conocido.
Los caminos que ya saben recorrer.
Los olores que reconocen.
Y salen.
No porque hayan dejado de amar a la manada.
Sino porque pertenecer tampoco significa quedarse para siempre.
Y quizá ahí comienza su medicina.
Porque nosotros podemos pasar años intentando conservar lugares donde ya no cabemos de la misma manera.
Una familia.
Una relación.
Una comunidad.
Nos quedamos porque ahí aprendimos quiénes éramos.
Porque nos conocen.
Porque alguna vez nos cuidaron.
Porque irnos puede sentirse como traición.
Pero hay pertenencias que sostienen.
Y hay otras que empiezan a pedirte que te hagas más pequeño para poder seguir dentro.
El lobo no necesita odiar a su manada para alejarse de ella.
No necesita convertir el pasado en enemigo para buscar otro territorio.
Puede honrar lo que recibió
y aun así seguir caminando.
Eso también es pertenecer:
poder irte sin negar de dónde vienes.
Porque puedes necesitar a otros sin dejar de pertenecerte a ti mismo.
Puedes amar profundamente a tu gente sin entregar tu propia dirección.
Puedes cuidar la manada sin desaparecer dentro de ella.
Y también puedes reconocer que un lugar que alguna vez fue hogar ya no necesariamente tiene que seguir siéndolo.
El lobo no pregunta cuántos caminan contigo.
Pregunta:
¿sigues siendo tú cuando perteneces?
Y tampoco pregunta si eres capaz de caminar solo.
Pregunta algo más difícil:
¿sabes cuándo te quedas por amor… y cuándo te estás quedando por miedo a dejar de pertenecer?
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