Estimados compañeros y compañeras de Ver.di:
Después de varios meses sin ponerme en contacto con vosotros, quisiera informaros de mi situación actual y explicaros cómo estoy viviendo los acontecimientos desde mi reincorporación al trabajo.
Como ya sabéis, durante aproximadamente diez meses he sufrido una situación de acoso laboral por parte de un compañero. El 7 de julio de 2026, después de un incidente que para mí fue la gota que colmó el vaso, acudí al médico y causé baja laboral. Me reincorporé al trabajo el 11 de agosto.
Ese mismo día mantuve una reunión con mi jefa directa de Betreuung, la PDL-Leitung y la Residenzleitung. Durante la reunión me comunicaron que no volvería a mi puesto habitual en la tercera planta, donde llevaba trabajando trece años, y que pasaría a trabajar en la primera planta. La explicación que me dieron fue que se habían producido numerosos problemas entre el personal, los residentes y sus familiares y deseaban evitar esas situaciones negativas para los propios Bewohner.
Les dije que intentaría adaptarme a la nueva situación, pero también expresé claramente que me sentía castigada por algo que no había hecho. Considero especialmente injusto haber tenido que abandonar mi planta después de tantos años, sin que, desde mi punto de vista, se hubiera investigado suficientemente lo ocurrido ni se hubiera comprobado adecuadamente lo que había sucedido y lo que se me había hecho pasar durante todos esos meses.
El compañero en cuestión fue trasladado de la tercera a la segunda planta. Él llevaba aproximadamente un año trabajando en la tercera planta como supervisor, mientras que yo llevaba allí trece años. Durante la reunión también se me planteó qué pensaría él si me devolvieran a mí a la tercera planta, porque, según me dijeron, él tampoco estaba contento con su nuevo destino en la segunda planta.
Quiero dejar claro un aspecto importante: yo no habría tenido ningún problema con un cambio de planta si se hubiera tratado de una decisión organizativa general de la residencia, adoptada por los motivos que la dirección considerase necesarios. Lo que considero profundamente injusto es haber tenido que abandonar mi puesto habitual como consecuencia de una situación en la que yo me considero la persona perjudicada. Siento que, en lugar de recibir protección y apoyo después de lo ocurrido, he terminado siendo yo quien ha tenido que asumir las consecuencias.
Desde mi reincorporación he intentado aceptar la nueva situación, aunque no me encuentro bien en la primera planta y soy consciente de que adaptarse a un nuevo entorno puede requerir tiempo. A pesar de ello, han sucedido algunas cosas que me han afectado especialmente.
Por un lado, los residentes de la tercera planta han redactado una carta dirigida a la dirección y a la administración, solicitando que vuelva a estar presente en su planta y lo mismo los familiares de algunos Bew. se han presentado pidiendo una explicación de lo ocurrido. Para mí, este gesto es muy significativo después de tantos años trabajando allí.
Por otro lado, me dijeron que el compañero no tendría motivos para estar en la primera planta y que, por tanto, no tendría que coincidir con él. Sin embargo, he comprobado que, cuando trabaja allí su compañera Helena, él baja y pasa con ella la media hora de pausa en la sala de enfermería. Además, he visto en el cuadrante de octubre que tiene previsto trabajar varios días como supervisor en la primera planta. Esto significa que existe la posibilidad de que tenga que volver a trabajar con él, precisamente en el lugar al que me trasladaron para evitar que coincidiéramos.
También me ha afectado mucho la actitud de mi jefa desde mi regreso. Hasta ahora no ha mantenido conmigo una conversación seria sobre lo sucedido. Los pocos comentarios que ha hecho han estado orientados a animarme y a intentar que vea el lado positivo del cambio. Aunque entiendo que quizá su intención sea buena, yo habría necesitado sentirme escuchada, comprendida y apoyada por ella.
Esta falta de apoyo ha deteriorado mi confianza en ella. Tengo la sensación de que no ha defendido mis intereses ni ha dado la cara por mí, sino que ha respaldado principalmente las opiniones y decisiones de sus superiores. Por este motivo, actualmente me cuesta relacionarme con ella y tiendo a evitarla.
La situación ha vuelto a afectarme hasta el punto de que he necesitado una nueva baja médica del 7 al 9 de octubre. Mi jefa será operada y estará ausente aproximadamente un mes. Mi intención es reincorporarme el martes 13 de octubre e intentar comprobar cómo me encuentro durante ese periodo, tanto en su ausencia como ante la posibilidad de coincidir con este compañero en la primera planta.
Sinceramente, no sé si podré continuar trabajando en estas circunstancias. Si vuelvo a encontrarme mal y no consigo seguir adelante, necesitaré recurrir a Ver.di para recibir ayuda y estudiar qué posibilidades tengo para defender mis derechos. Además, he solicitado una rehabilitación (Reha), porque siento que no puedo gestionar por mí sola todo lo que ha sucedido y las consecuencias que está teniendo para mí.
Por todo ello, me gustaría pediros orientación sobre mi situación. En particular, necesito saber si la decisión de trasladarme de planta en estas circunstancias puede ser revisada y qué opciones tengo si mi situación laboral y personal continúa deteriorándose.
Después de trece años de trabajo en la residencia, lo único que deseo es poder desempeñar mi trabajo en condiciones dignas, sentirme protegida y tratada con justicia. No pretendo crear más conflictos, pero tampoco quiero aceptar sin más una situación que considero injusta y que está afectando seriamente a mi bienestar sabiendo que mi jubilación está cerca, 30 de Junio del 2030.
Os agradezco de antemano la ayuda que ya me habéis prestado y el tiempo que dediquéis a leer mi situación. Espero vuestra respuesta y vuestra orientación sobre cómo debería proceder.
Un cordial saludo,
Salomé Garcia Aruna
Liebe Kolleginnen und Kollegen von ver.di,
nach mehreren Monaten, in denen ich mich nicht bei euch gemeldet habe, möchte ich euch über meine aktuelle Situation informieren und schildern, wie ich die Ereignisse seit meiner Rückkehr an meinen Arbeitsplatz erlebe.
Wie ihr bereits wisst, war ich etwa zehn Monate lang Mobbing am Arbeitsplatz durch einen Kollegen ausgesetzt. Am 7. Juli 2026 suchte ich nach einem Vorfall, der für mich das Fass zum Überlaufen brachte, einen Arzt auf und wurde arbeitsunfähig geschrieben. Am 11. August kehrte ich an meinen Arbeitsplatz zurück.
Noch am selben Tag fand ein Gespräch mit meiner direkten Vorgesetzten im Bereich Betreuung, der PDL-Leitung und der Residenzleitung statt. Während dieses Gesprächs wurde mir mitgeteilt, dass ich nicht mehr auf meinen bisherigen Arbeitsplatz im dritten Stock zurückkehren würde, wo ich seit dreizehn Jahren tätig war, sondern künftig im ersten Stock arbeiten sollte. Als Begründung wurde mir genannt, dass es zahlreiche Probleme zwischen Mitarbeitenden, Bewohnern und deren Angehörigen gegeben habe und man solche negativen Situationen für die Bewohner vermeiden wolle.
Ich erklärte, dass ich versuchen würde, mich an die neue Situation anzupassen. Gleichzeitig machte ich jedoch deutlich, dass ich mich für etwas bestraft fühle, das ich nicht getan habe. Ich empfinde es als besonders ungerecht, dass ich nach so vielen Jahren meinen gewohnten Arbeitsplatz verlassen musste, ohne dass meiner Ansicht nach die Vorfälle ausreichend untersucht und die Geschehnisse sowie das, was mir während all dieser Monate widerfahren ist, angemessen aufgeklärt wurden.
Der betreffende Kollege wurde vom dritten in den zweiten Stock versetzt. Er war ungefähr ein Jahr als Supervisor im dritten Stock tätig gewesen, während ich dort bereits seit dreizehn Jahren arbeitete. Während des Gesprächs wurde ich außerdem gefragt, was der Kollege wohl denken würde, wenn ich wieder in den dritten Stock zurückkehren dürfte. Schließlich sei auch er mit seiner neuen Einteilung im zweiten Stock nicht zufrieden.
Ich möchte einen wichtigen Punkt ausdrücklich klarstellen: Ich hätte keinerlei Problem mit einem Wechsel des Stockwerks gehabt, wenn es sich um eine allgemeine organisatorische Entscheidung der Residenz gehandelt hätte, die aus den von der Leitung als notwendig erachteten Gründen getroffen worden wäre. Was ich jedoch als zutiefst ungerecht empfinde, ist, dass ich meinen gewohnten Arbeitsplatz aufgrund einer Situation verlassen musste, in der ich mich selbst als die geschädigte Person sehe. Ich habe das Gefühl, dass ich nach den Vorfällen nicht den Schutz und die Unterstützung erhalten habe, die ich gebraucht hätte, sondern letztendlich selbst die Konsequenzen tragen musste.
Seit meiner Rückkehr habe ich versucht, die neue Situation zu akzeptieren, obwohl ich mich im ersten Stock nicht wohlfühle. Mir ist bewusst, dass die Eingewöhnung in ein neues Arbeitsumfeld Zeit brauchen kann. Dennoch sind einige Dinge geschehen, die mich besonders belastet haben.
Einerseits haben die Bewohner des dritten Stocks einen Brief an die Leitung und die Verwaltung verfasst, in dem sie darum bitten, dass ich wieder in ihrem Wohnbereich eingesetzt werde. Auch Angehörige einiger Bewohner sind erschienen und haben eine Erklärung für die Geschehnisse verlangt. Nach so vielen Jahren, in denen ich dort gearbeitet habe, bedeutet mir diese Unterstützung sehr viel.
Andererseits wurde mir gesagt, dass der betreffende Kollege keinen Grund habe, sich im ersten Stock aufzuhalten, und ich deshalb nicht mit ihm zusammentreffen müsse. Inzwischen habe ich jedoch festgestellt, dass er, wenn seine Kollegin Helena dort arbeitet, zu ihr in den ersten Stock kommt und mit ihr seine halbstündige Pause im Pflegezimmer verbringt. Außerdem habe ich im Dienstplan für Oktober gesehen, dass er an mehreren Tagen als Supervisor im ersten Stock eingesetzt werden soll. Das bedeutet, dass die Möglichkeit besteht, dass ich wieder mit ihm zusammenarbeiten muss – und zwar genau an dem Ort, an den ich versetzt wurde, um Begegnungen zwischen uns zu vermeiden.
Auch das Verhalten meiner Vorgesetzten seit meiner Rückkehr hat mich sehr belastet. Bis heute hat sie kein ernsthaftes Gespräch mit mir über die Vorfälle geführt. Die wenigen Bemerkungen, die sie gemacht hat, zielten hauptsächlich darauf ab, mich aufzumuntern und mich dazu zu bewegen, die positiven Seiten des Wechsels zu sehen. Auch wenn ich verstehe, dass sie es möglicherweise gut meint, hätte ich mir von ihr gewünscht, dass sie mir zuhört, Verständnis zeigt und mich unterstützt.
Durch diesen mangelnden Rückhalt hat sich mein Vertrauen in sie erheblich verschlechtert. Ich habe das Gefühl, dass sie meine Interessen nicht vertreten und sich nicht für mich eingesetzt hat, sondern vor allem die Meinungen und Entscheidungen ihrer Vorgesetzten unterstützt hat. Aus diesem Grund fällt es mir derzeit schwer, mit ihr umzugehen, und ich versuche, ihr eher aus dem Weg zu gehen.
Die Situation hat mich inzwischen erneut so stark belastet, dass ich vom 7. bis zum 9. Oktober wieder arbeitsunfähig geschrieben wurde. Meine Vorgesetzte wird operiert und voraussichtlich etwa einen Monat abwesend sein. Ich beabsichtige, am Dienstag, dem 13. Oktober, an meinen Arbeitsplatz zurückzukehren und während dieser Zeit zu beobachten, wie es mir geht – sowohl während ihrer Abwesenheit als auch im Hinblick auf die Möglichkeit, dem betreffenden Kollegen im ersten Stock zu begegnen.
Ehrlich gesagt weiß ich nicht, ob ich unter diesen Umständen weiterhin arbeiten kann. Sollte sich mein Zustand erneut verschlechtern und ich feststellen, dass ich so nicht weitermachen kann, werde ich mich an ver.di wenden müssen, um Unterstützung zu erhalten und meine Möglichkeiten zum Schutz meiner Rechte prüfen zu lassen. Außerdem habe ich eine medizinische Rehabilitation (Reha) beantragt, weil ich das Gefühl habe, dass ich die gesamten Geschehnisse und deren Folgen nicht allein bewältigen kann.
Aus all diesen Gründen möchte ich euch um Beratung zu meiner Situation bitten. Insbesondere möchte ich wissen, ob die Entscheidung, mich unter diesen Umständen in einen anderen Stock zu versetzen, überprüft werden kann und welche Möglichkeiten ich habe, wenn sich meine berufliche und persönliche Situation weiterhin verschlechtert.
Nach dreizehn Jahren Arbeit in der Residenz wünsche ich mir nichts anderes, als meine Arbeit unter würdigen Bedingungen ausüben zu können, mich geschützt zu fühlen und gerecht behandelt zu werden. Ich möchte keine weiteren Konflikte verursachen, aber ich möchte auch nicht einfach eine Situation hinnehmen, die ich als ungerecht empfinde und die mein Wohlbefinden erheblich beeinträchtigt. Dabei ist zu berücksichtigen, dass meine Rente näher rückt und ich voraussichtlich am 30. Juni 2030 in den Ruhestand gehen werde.
Ich danke euch im Voraus für die Unterstützung, die ihr mir bereits gegeben habt, und für die Zeit, die ihr euch nehmt, um meine Situation zu lesen. Ich freue mich auf eure Rückmeldung und eure Einschätzung, wie ich weiter vorgehen sollte.
Mit freundlichen Grüßen
Salomé Garcia Aruna