lunes, 11 de mayo de 2026

Monasterio benedictino de la isla de Reichenau, en el lago Constanza

 En el año 1013, en la región de Suabia en lo que hoy es el sur de Alemania, nació un niño al que su familia llamó Hermann.

El parto no fue complicado en el sentido médico que el siglo XI podía detectar. Pero algo en el sistema nervioso del niño no funcionaba como debía, y lo que los médicos modernos identificarían como parálisis cerebral severa se fue manifestando en los primeros años de vida con una claridad que no dejaba espacio para la esperanza convencional: Hermann no podía caminar. No podía usar sus manos con precisión.
No podía hablar con la fluidez que los demás esperaban de una boca humana. Sus palabras llegaban deformadas, lentas, con el esfuerzo visible de alguien que tiene que conquistar cada sílaba antes de pronunciarla.
Su familia era noble — los condes de Altshausen — y eso significaba que tenían opciones que la mayoría de las familias del siglo XI no tenían. A los siete años, llevaron a Hermann al monasterio benedictino de la isla de Reichenau, en el lago Constanza, en la frontera entre lo que hoy es Alemania y Suiza.
No como oblato en el sentido piadoso que la tradición benedictina celebra. Como un niño que su familia, con más honestidad que crueldad, entendió que necesitaba un lugar donde pudiera vivir protegido de un mundo que no había sido diseñado para un cuerpo como el suyo. El abad Berno lo recibió.
Y lo que ocurrió después en ese monasterio es una de las historias más extraordinarias de la historia intelectual medieval — no a pesar del cuerpo de Hermann sino, en un sentido que ningún biógrafo ha podido explicar completamente, a través de él.
Hermann vivió en Reichenau durante cuarenta y un años. Nunca salió. No porque los muros del monasterio lo retuvieran sino porque su cuerpo era el muro que organizaba su mundo entero — los límites exactos de lo que podía alcanzar, de lo que podía recorrer, de lo que podía manipular con unas manos que no le obedecían con la precisión que la mayoría de los trabajos intelectuales del siglo XI requerían. No podía copiar manuscritos con la velocidad que los scriptoria monásticos demandaban.
No podía desplazarse a otras abadías para estudiar con otros maestros o debatir en los grandes centros intelectuales de su época. No podía hacer ninguna de las cosas que los intelectuales de su tiempo hacían para construir su reputación y ampliar su conocimiento.
Lo que sí podía hacer — lo que sus biógrafos documentan con una consistencia que ningún hagiógrafo habría inventado porque resulta demasiado extraña para ser edificante — era pensar. Pensar con una profundidad y una velocidad que los monjes que lo rodeaban reconocieron como algo que no tenía explicación ordinaria. Aprendió latín, griego y árabe. Estudió matemáticas, astronomía, música, geometría y filosofía con la minuciosidad de alguien que no puede salir a buscar el conocimiento y que por tanto obliga al conocimiento a entrar completamente en él. Construyó instrumentos astronómicos — un astrolabio y un cuadrante — que sus biógrafos describen como más precisos que los disponibles en los monasterios contemporáneos. Escribió un tratado sobre la construcción del astrolabio, un tratado sobre aritmética basado en los cálculos árabes que habían llegado a Europa por las rutas comerciales del Mediterráneo, y una crónica universal que los historiadores medievales usaron como referencia durante siglos.
Y en algún momento entre 1040 y 1054 — los especialistas no han podido establecer una fecha más precisa — compuso la Salve Regina.
Lo que hace a ese texto único en la historia de la oración cristiana no es su latinidad, que es correcta pero no excepcional, ni su estructura musical, que los musicólogos del canto gregoriano describen como sofisticada pero no revolucionaria. Lo que lo hace único es su honestidad. La Salve Regina es, en toda la tradición litúrgica latina de los primeros mil años del cristianismo, el texto que menos evita el dolor. La mayoría de las oraciones de ese período — los salmos adaptados, las antífonas procesionales, los himnos del Oficio Divino — hablan del sufrimiento en términos que lo enmarcan en la providencia, que lo justifican en la perspectiva de la salvación, que lo transforman en pedagogo o en prueba o en camino. La Salve no hace nada de eso. Dice simplemente: "A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas." Valle de lágrimas. No purgatorio, no camino, no prueba. Valle. Un espacio geográfico donde se vive y se llora y el tiempo transcurre sin que la perspectiva escatológica lo resuelva en el día a día.
Hermann no estaba usando una metáfora cuando escribió eso. No tenía el lujo de usar metáforas sobre el sufrimiento porque el sufrimiento era su habitación, su cuerpo, su horizonte cotidiano desde los siete años. "Gementes et flentes" — gimiendo y llorando — son palabras que alguien escribe cuando las ha necesitado antes de encontrarlas, no cuando las ha buscado por su valor retórico. Cada vocativo de la Salve — vita, vida; dulcedo, dulzura; spes, esperanza — es la respuesta exacta a una privación específica que su autor conocía desde dentro: vida para el que vive en un cuerpo que no le responde, dulzura para el que solo conoce la dureza de lo que no puede hacer, esperanza para el que ya no puede fabricarla por sí solo porque el inventario de sus recursos propios fue revisado hace mucho tiempo y el balance fue deficitario.
"Salve, Regina, Mater misericordiae." Reina. Madre de misericordia. El orden de esos dos vocativos no es arbitrario. Hermann coloca la majestad — Regina, la que tiene poder — antes de la ternura — Mater misericordiae, la madre cuya cualidad definitoria es la misericordia, que en latín tiene la misma raíz que miseria: la que tiene el corazón (cor) inclinado hacia la miseria ajena. Una reina que tiene poder y que usa ese poder inclinada hacia quien sufre. Esa combinación exacta es lo que la oración pide porque es lo que la experiencia de quien sufre necesita con más urgencia: no solo compasión sin poder para actuar, no solo poder sin inclinación hacia el débil, sino las dos cosas juntas en la misma figura.
El texto tiene una estructura que los musicólogos gregorianos describen como antifonal — diseñada para ser cantada, no solo recitada — y eso significa que Hermann no estaba solo componiendo palabras. Estaba componiendo música desde un cuerpo que no podía producir música con la facilidad que los demás cantores del coro de Reichenau tenían. Sus biógrafos mencionan que su voz era difícil de entender en la conversación ordinaria. Pero que cuando cantaba — cuando la estructura musical tomaba el control de la producción vocal en lugar de la intención comunicativa ordinaria — algo en el mecanismo cambiaba. Los monjes que lo rodeaban describieron su voz cantando como distinta de su voz hablando. Como si la música fuera el lugar donde su cuerpo encontraba una coordinación que en ningún otro contexto era posible.
Ese detalle no es anécdota hagiográfica. Es neurología avant la lettre: los investigadores del siglo XX, incluyendo los estudios de la neuróloga y musicóloga Silke Jäncke publicados en el Journal of Neuroscience en 1998, han documentado que el canto activa circuitos cerebrales distintos de los del habla, que involucra el hemisferio derecho de maneras que el habla ordinaria no, y que en personas con ciertos tipos de daño neurológico o disfunción motora el canto puede producir fluidez que el habla no produce. Hermann von Reichenau no sabía nada de eso. Pero su cuerpo lo sabía. Y la Salve Regina existe, en parte, porque su cuerpo encontró en la música el único canal por el que la voz podía fluir sin obstáculo.
En 1146, casi cien años después de la muerte de Hermann, San Bernardo de Claraval escuchó la Salve cantada en la catedral de Espira. El relato de los biógrafos de Bernardo — que los especialistas en hagiografía bernardina como Adriaan Bredero en su Bernard of Clairvaux: Between Cult and History (Eerdmans, 1996) toman como históricamente plausible aunque no verificable documentalmente — dice que Bernardo, al llegar al final del texto que Hermann había compuesto, añadió espontáneamente tres palabras que no estaban en el original: "O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria." Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Tres adjetivos. Tres cualidades que no son teológicas en su origen sino relacionales: la clemencia que no aplica toda la severidad que podría aplicar, la piedad que inclina el corazón hacia quien necesita, la dulzura que es lo opuesto de la dureza del mundo.
Lo que Bernardo añadió al texto de Hermann no era una corrección ni una mejora técnica. Era la respuesta emocional de un hombre que había escuchado la oración más honesta sobre el sufrimiento que la tradición cristiana había producido y que encontró que necesitaba decir, en voz alta, cuáles eran exactamente las cualidades de la figura a quien esa oración se dirigía. No omnipotencia. No omnisciencia. No eternidad. Clemencia. Piedad. Dulzura. Los tres adjetivos que cualquier ser humano en la experiencia concreta del dolor elegiría para describir lo que necesita que Dios sea, si pudiera elegir.
La Salve Regina se incorporó a la Liturgia de las Horas — el ciclo de oraciones que los monjes benedictinos rezan siete veces al día siguiendo la Regla de San Benito — como la antífona final de Completas, la última oración del día, la que se reza antes de que el silencio nocturno comience. Esa posición no es accidental ni es solo administrativa. Completas es la oración del final del día, el momento en que el monje cierra las actividades de las doce horas de luz y se entrega al sueño — que la tradición monástica llama pequeña muerte — con la conciencia de que no controla lo que ocurre en las horas de oscuridad. Rezar la Salve en ese umbral es decir, antes de soltar la conciencia: voy a entrar en la oscuridad y no sé qué hay ahí, y antes de hacerlo digo en voz alta el nombre de alguien que ya estuvo en la oscuridad antes que yo y que salió del otro lado.
El Papa Pío V, en la reforma litúrgica del Concilio de Trento formalizada en 1568, estableció la Salve Regina como antífona mariana obligatoria para el período entre la Fiesta de la Trinidad y el Adviento — la mitad del año litúrgico que los especialistas llaman tiempo ordinario, el tiempo sin festividad especial, el tiempo que es simplemente el tiempo que pasa. No el tiempo de la Navidad ni de la Pascua ni de Pentecostés. El tiempo ordinario. El tiempo que es la mayor parte de la vida. La Salve fue asignada exactamente al período que ninguna celebración especial ilumina — como si la tradición litúrgica hubiera reconocido que la oración más honesta sobre el sufrimiento ordinario corresponde exactamente al tiempo ordinario, al tiempo en que la vida se vive sin el apoyo de ninguna festividad que la justifique.
Hoy la Salve Regina se canta en más iglesias del mundo que cualquier otra oración mariana excepto el Ave María. Se canta al final de los rosarios en millones de casas de América Latina, de España, de Italia, de Polonia, de Filipinas. Se canta en los coros de las catedrales con los arreglos polifónicos de Victoria, Palestrina y Byrd — tres compositores del siglo XVI que tomaron el texto de Hermann y lo llevaron a la arquitectura musical más elaborada de su época. Se canta también en los monasterios benedictinos, a las 8:45 de la noche de cada día del año, en el mismo tono gregoriano que Hermann compuso novecientos setenta años atrás, antes de que el silencio nocturno comience y los monjes se retiren a sus celdas.
Hermann von Reichenau murió el 24 de septiembre de 1054, a los cuarenta y un años. Su discípulo Bertoldo de Reichenau escribió su biografía poco después de su muerte — la Vita Hermanni Contracti — que es la fuente primaria de la mayoría de lo que sabemos sobre él. Bertoldo lo describe con una frase que ningún hagiógrafo convencional del siglo XI habría elegido porque no es edificante en el sentido ordinario del término: "Su cuerpo era casi inútil para cualquier actividad, y sin embargo su alma ardía con una llama que su cuerpo no podía contener." No a pesar de su cuerpo. Su cuerpo no podía contener lo que había dentro. Es la descripción más precisa que existe de lo que Hermann fue: alguien cuyo interior excedía tan radicalmente los límites de su exterior que el contraste entre los dos se convirtió en la cosa más significativa de su vida, y la oración que escribió desde ese contraste resultó ser la más verdadera.
No hay estatua de Hermann en ninguna plaza pública. No hay universidades con su nombre ni aeropuertos ni hospitales. Hay un monasterio en Reichenau que sigue en pie — declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000 — y hay, en las iglesias de todo el mundo, la oración que se canta cada noche antes de que apaguen las luces. Una oración que empezó en el cuerpo de un hombre que no podía moverse, que nunca salió de una isla en un lago en el sur de Alemania, y que encontró en el único espacio donde su cuerpo no ponía obstáculos — la música, el latín, la oración dirigida a la única figura del cosmos que el texto bíblico nunca describe alejándose de quien la necesita — las palabras exactas que novecientos setenta años después siguen siendo las únicas que dicen lo que hay que decir antes de entrar en la oscuridad.
Salve, Regina.
A ti clamamos.

sábado, 9 de mayo de 2026

El lapislázuli es una piedra preciosa cautivadora con ricos matices azules y motas doradas.

 El lapislázuli es un silicato de sodio, calcio y aluminio con azufre en las inclusiones de pirita. Se encuentra en Afganistán, Rusia, Egipto, Oriente Medio, Estados Unidos y Chile.

Está estrechamente relacionado con el conocimiento de uno mismo, la verdad y la sabiduría, y ha sido muy apreciado desde la antigüedad por su tono azul real.

PRINCIPALES CONCLUSIONES

El lapislázuli es una piedra preciosa cautivadora con ricos matices azules y motas doradas.

Está disponible en diversas variedades, pero la más codiciada es el Lapislázuli afgano de color azul intenso.

Esta gema se asocia con la realeza y la espiritualidad.

En el campo de la curación, se cree que mejora la autoexpresión y la paz interior, mientras que en el de la magia, el lapislázuli se valora por su capacidad para estimular las habilidades psíquicas y la visión espiritual, lo que lo convierte en una potente herramienta para quienes emprenden un viaje espiritual o buscan la iluminación.

El lapislázuli en la historia y el folclore

El lapislázuli aparece en algunas de las leyendas y mitos más antiguos del mundo. La historia de la diosa sumeria del amor, Inanna, que podría remontarse al año 4000 a.C., narra el descenso y regreso de esta deidad al inframundo.

holding lapis lazuli by tina caro magickal spot
Derechos de autor: Tina Caro

Según el mito, cuando Inanna entró en el inframundo llevaba varias insignias, entre ellas un collar y una vara de lapislázuli.

En la antigua cultura sumeria, se creía que el alma de una deidad podía residir dentro de esta piedra preciosa tan especial.

El lapislázuli se ha utilizado en Egipto y Sumeria como sombra de ojos y en amuletos protectores y otras joyas.

Los romanos ingerían el polvo de lapislázuli molido en la comida y la bebida como un afrodisíaco y como antídoto contra el veneno. El anillo que el ángel presentado a Rey Salomón para controlar a su legión demoníaca de trabajadores era de lapislázuli.

Tradiciones

El lapislázuli se asocia tradicionalmente con los chakras del tercer ojo y la garganta y es una de las piedras natales de diciembre.

Puede utilizarse como conducto eficaz para canalizar la sabiduría, la verdad y el buen juicio, y puede fomentar el deseo de aprender y conocer.

Según la tradición cristiana primitiva, el lapislázuli se consideraba la piedra de la Virgen María.

También se cree que las numerosas referencias a "zafiro" en el Nuevo Testamento se refieren en realidad al lapislázuli, ya que el zafiro era desconocido antes del Imperio Romano.

Correspondencias Lapislázuli

9 formas mágicas de utilizar el lapislázuli en brujería

Sujeta un trozo para calmar el estrés o la ansiedad.  

Las personas que sufren ansiedad leve a veces sienten alivio al sostener un trozo de lapislázuli.

Deje caer un pequeño trozo de pulido lapislázuli en un poco de aceite de oliva con unas gotas de aceite esencial de lavanda y úntate las muñecas con él antes de acostarte.

O inclúyalo en bálsamo de sueños de luna oscura.

Colócalo cerca del hogar para armonizar las relaciones perturbadas.

¿Los niños se pelean? ¿Tú y tu pareja os estáis molestando inexplicablemente últimamente?

Coloca una pieza de lapislázuli en el centro de la casa (salón, cocina, donde todos pasen más tiempo juntos) para calmar los ánimos y fomentar la cooperación.

O, si tienes un altar en casa, colócalo allí con un poco de menta u otra hierba "refrescante" para calmar los brotes emocionales.

Se utiliza durante la adivinación de la luna oscura para simbolizar el cielo nocturno. 

Con su color azul oscuro y sus diminutas y centelleantes motas doradas de pirita, el lapislázuli se asemeja a un horizonte lleno de estrellas y sin luna.

Esta impresionante característica brillante conecta profundamente el lapislázuli con el cielo nocturno y todas las galaxias que brillan en él.

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Mantenga una pieza cerca durante su adivinaciones de la luna oscura para atraer la energía de las noches más oscuras del mes.

Coloca una pieza en un altar egipcio.  

Los faraones egipcios molían la gema hasta convertirla en un polvo de añil intenso para utilizar como sombra de ojos o para teñir la ropa.

¿Tienes lapislázuli por ahí? Aquí tienes 9 formas creativas de utilizar esta hermosa piedra azul.

Su tono brillante simbolizaba la realeza y el poder.

Si cumple la Panteón egipcio en tu práctica, coloca un trozo de lapislázuli en tu altar para atraer a tu "reina interior".

Colócalo en bolsas de mojo para la paz interior.   

Deja que suavice los nervios crispados y calme las mareas agitadas de tu espíritu.

Incluir lapislázuli en la paz interior bolsas mojo por sus maravillosas propiedades calmantes.   

Llévalo contigo a situaciones engañosas.  

¿Te enfrentas a una pareja mentirosa, a un compañero de trabajo infiel o a alguien que tergiversa la verdad para ocultar un secreto?

Si sospechas que hay deshonestidad en marcha, lleva contigo un trozo de lapislázuli para animar a que la verdad salga a la luz.

Pero ten cuidado. Espera que desenmascare también tus propios engaños. Sobre todo las que te dices a ti mismo.

Hechizos para la reconciliación.    

La tendencia del lapislázuli a animar a las personas a empatizar con sus parejasEl hecho de que los miembros de la familia y los amigos se sientan a gusto les permite ver más allá de sus frustraciones y malentendidos personales, despejando los obstáculos que se interponen en el camino hacia unas relaciones interpersonales más sanas.

Si su familia lucha contra una desavenencia continua, gent

Llévalo para calmar el miedo escénico. 

¿Tiene una presentación pendiente que le revuelve el estómago? ¿Le

Si hablar en público le pone nervioso, lleve una pieza para calmar los nervios y centrar sus emociones antes de presentaciones y actuaciones.

Llévalo durante la meditación para abrir el tercer ojo.  

La correspondencia chakra del lapislázuli se sitúa en el Tercer Ojo, un lugar del cuerpo tanto literal como figurado, entre las cejas y ligeramente por encima de ellas. El Tercer ojo "ve" lo invisible e informa a tus sentidos intuitivos.

Regálalo.  

Esta gema bendice las amistades profundas. Mejora el tipo de comunicación abierta, pacífica y honesta que todos anhelamos en nuestras relaciones de piedra angular.

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Después, regálaselos a una buena amiga por su cumpleaños o por Yule.

Ritual relajante y protector con lapislázuli

El lapislázuli tiene poderosas credenciales protectoras y no sólo bloquear los ataques psíquicos sino desviarlos a su fuente.

Sintoniza con esta energía con este bonito ritual, que te proporcionará protección y paz.

  1. Enciende una vela blanca en su altar o espacio de trabajo y siéntate cómodamente frente a él.
  2. Sostén un cristal de lapislázuli en la mano y pídele que trabaje contigo para proporcionarte un escudo nutritivo y protector.
  3. Visualiza la energía de la piedra rodeando tu cuerpo con una hermosa luz blanca. Imagina tu propia energía fluyendo hacia y a través de esta luz, y luego de vuelta a tu propio cuerpo simbióticamente.
  4. Una vez finalizado el ritual, mantén la piedra a mano o colócala cerca de la puerta de entrada para que te siga protegiendo.
cristal de lapislázuli sobre una mesa de tina caro magickal spot
Derechos de autor: Tina Caro

Vídeo sobre el significado simbólico del lapislázuli

El lapislázuli y el zodíaco

Debido a su conexión con Saturnoque gobierna CapricornioEl lapislázuli se considera una de las piedras de nacimiento de este signo.

Para la Cabra, el lapislázuli es fantástico para aumentar la conciencia de sí misma y desarrollar una mayor empatía hacia los que la rodean. También puede ayudar a los Capricornio firmes y sensatos a resistirse a la negatividad y explorar su lado creativo.

El cristal es útil para Librasque lo encontrarán profundamente útil para curar heridas del pasado, y para Virgoque apreciarán su fomento de una comunicación más fácil y una mayor sensación de paz.

Para los Taureanos amantes del lujo y la rutina, el lapislázuli es útil, ya que permite a este signo sentirse más cómodo con la flexibilidad, ¡al menos un poco! 

Cuidado y limpieza

Puedes cargar tu lapislázuli colocándolo en compañía de otras piedras que sean especialmente favorables a su energía. Por ejemplo turquesa, ónice negroesmeralda y jade.

Combinaciones de cristal

Lapislázuli y turquesa son el equipo ideal cuando se trata de fomentar la introspección positiva y equilibrar las emociones.

Ambos son también ideales para suavizar las interacciones sociales, por lo que son estupendos para llevarlos o usarlos juntos si te sientes nerviosa por conocer gente nueva o tienes que asistir a una gran fiesta.

Con de ónix superpoderes de autocontrol y resistencia, combinarlo con lapislázuli puede ayudarte a ver los cambios que te has propuesto hacer.

Por ejemplo, comprometerse a estudiar una nueva carrera o a llevar un estilo de vida más saludable.

¿Y si quieres fortalecer una relación existente? El lapislázuli, combinado con la esmeralda, puede aportar equilibrio y ayudar a una comunicación compasiva.

joyas de lapislázuli de tina caro punto mágico
Derechos de autor: Tina Caro

Lapislázuli: abre tu mente 

Dé la bienvenida al sereno poder del lapislázuli en su vida, para el crecimiento espiritual y para iniciar el viaje hacia su mejor yo. Aproveche sus potentes propiedades antiestrés y su capacidad para fomentar la autoexpresión, la compasión y la franqueza.

Si arrastras heridas emocionales del pasado, el lapislázuli puede utilizarse para liberar este trauma y disolver los residuos negativos relacionados con él.

Trabaja con este cristal todos los días para cultivar mejores relaciones, construir amistades fuertes y recibir paz y protección.

SI SUPIERAS QUIÉN ERES EN REALIDAD!

 SI SUPIERAS QUIÉN ERES EN REALIDAD!

Si supieras quién eres en realidad, nunca más volverías a tenerle miedo a la muerte, mucho menos a la vida, porque la muerte es vida desde otra perspectiva no física, sabrías que esos vínculos podrías hacerlos una y otra vez, en realidad los estás haciendo ahora mismo.
Si tan solo tuvieras la certeza de que has ocupado otros cuerpos y te has embarcado en infinidad de aventuras antes de esta vida y lo seguirás haciendo después de esta. Si supieras quien eres en realidad nunca más volverías a sentirte sólo, a sentirte incompleto porque todo es unidad, no hay nada a tu alrededor que no forme parte de ti.
Si supieras quién en realidad eres, sabrías que eres un alma eterna, atemporal, que esta unido con todo, que nada te es ajeno, que lo tiene todo, que es amor, alegría y verdad, paz, sabiduría y felicidad.
Si supieras quién en realidad eres, no verías a los demás como separados de ti, sabrías que más allá de la ilusión del mundo físico, hay un mundo donde siempre somos uno, donde somos colectivo al que muchos llaman Dios.
Si supieras quién en realidad eres, sabrías que no hay nada, ni nadie, superior o inferior a ti, cada uno es único e irrepetible, cada uno es perfecto, cada uno experimenta su propio plan, su propósito aquí en la tierra de manera distinta y única, cada uno lleva consigo su propia luz, algunos recuerdan más lo que siempre hemos sabido, pero eso no tiene porque hacerte menos a ti.
Si supieras quién eres en realidad, sabrías que no tienes que pedirle nada a Dios, que no es necesario que le rindas culto, o que lo alabes, que pagues tributos para que te perdone, en realidad no es necesario nada de ello. ¿Qué clase de Dios entrega vida a sus hijos solo para que a cambio le rindan culto y alabanza? Y si estos no lo hicieran de la forma correcta, los enviaría al fuego eterno. ¿Qué clase de padre que ama incondicionalmente haría eso? Esto sólo sucede cuando no sabes quién en realidad eres, y quién en realidad es Dios.
Si supieras quién eres en realidad dejarías de seguir a los demás, dejarías de vivir según sus experiencias y dejarías de ver la vida a través de los ojos de otros, vivirías desde tu propia luz, desde tu propia verdad, dejarías de buscar fuera de ti, porque sabrías que tú eres la fuente de todo aquello que crees poder necesitar.
Si supieras quién en realidad eres, comenzarías a vivir de verdad, sin miedos, sin limitaciones, sin prejuicios, sin culpas; vivirías plenamente como el Ser divino que eres, como el Ser divino encarnado en la tierra, que trae su Luz, y deja fluir la música que lleva dentro, que trae cielo a la tierra, para llevarse las experiencias de este mundo al Cielo y regresar una vez más.
Yo Soy Tú, comunicándose contigo a través de mí.
SOMOS UNO.
Del muro de Omar Niño .
Ver menos