Si estas harto y desilusionado de la sociedad, lee esto.
Harto de la sociedad humana, de la política, de la religión y de sus representantes.
Veo mentiras y engaño por todas partes.
Todo parece haberse convertido en un negocio.
La política es un negocio.
La religión es un negocio.
Las relaciones muchas veces son un negocio.
Hasta la espiritualidad parece haberse convertido en un producto que se vende.
Todo es un sálvese quien pueda.
Una fiebre por sobrevivir.
La gente compite, acumula, engaña, se defiende y atropella.
A veces siento asco de pertenecer a esta humanidad.
¿Estás cansado de la humanidad...
o estás cansado de la imagen que la humanidad está mostrando ante tus ojos?
Si miras durante horas un incendio, terminarás creyendo que todo el mundo es fuego.
Pero mientras contemplas las llamas, alguien estará plantando un árbol en otro lugar.
Una persona cuidará a su madre.
Un médico atenderá gratuitamente a un desconocido.
Un padre trabajará durante todo el día para alimentar a sus hijos.
Un hombre devolverá algo que podría haber robado.
El bien continúa ocurriendo.
Solo que rara vez hace espectáculo.
—Pero las grandes estructuras parecen estar llenas de corrupción.
No conviertas una observación legítima en una condena absoluta.
Cuando dices "todos mienten", tu mente ya no está investigando.
Está cerrando las puertas.
—¿Entonces debo hacer como si no existiera la corrupción?
Ver la corrupción es lucidez.
Convertirte en un hombre amargado porque existe corrupción es otra cosa.
Puedes reconocer el veneno sin beberlo.
—¿Y cómo no terminar despreciando a las personas?
—Recuerda que tú también eres humano.
"¡Qué miserable es la humanidad!",
no estás hablando de una especie extraterrestre.
Estás hablando de aquello de lo cual también formas parte.
Por eso el discernimiento debe comenzar por uno mismo.
—La verdad muchas veces incomoda al ego.
Es muy fácil ver la codicia del político.
Más difícil observar nuestra propia codicia.
Es sencillo denunciar la mentira de una institución.
Más difícil reconocer las pequeñas mentiras que utilizamos para proteger nuestra imagen.
Es fácil criticar al fanático.
Más difícil descubrir nuestros propios fanatismos.
—Entonces el mundo exterior también funciona como un espejo.
No para decir que todo lo que ves afuera está dentro de ti.
Hay personas que hacen daño.
Pero la manera en que respondes a todo ello revela tu propio estado interior.
—¿Y qué hago con este hartazgo?
—No lo conviertas en odio.
Utilízalo como una señal.
Quizá estás cansado de vivir superficialmente.
Quizá estás cansado de participar en conversaciones vacías.
Quizá ya no deseas entregar tu vida a la competición permanente.
Entonces escucha ese cansancio.
Puede estar llamándote hacia una vida más sencilla.
Puedes retirarte del ruido sin abandonar la vida.
Puedes trabajar sin convertir el dinero en tu dios.
Puedes participar en política sin convertir al adversario en enemigo.
Puedes pertenecer a una religión sin odiar a quienes pertenecen a otra.
Puedes utilizar las redes sin permitir que ellas utilicen tu mente.
Puedes vivir en sociedad sin permitir que la sociedad determine completamente quién eres.
—Es comenzar a ser libre.
Porque la verdadera esclavitud no consiste únicamente en obedecer a un sistema exterior.
También consiste en llevar ese sistema dentro de la cabeza.
—Maharaj, a veces siento que todos están corriendo desesperadamente detrás de algo.
Y nadie sabe realmente hacia dónde corre.
—Esa es una de las grandes tragedias humanas.
El hombre corre para llegar a un lugar donde cree que finalmente podrá descansar.
Pero cuando llega, inmediatamente comienza a correr hacia otro.
Así puede pasar toda una vida.
No necesariamente abandonar tu trabajo.
No necesariamente dejar tu familia.
No necesariamente vivir en una montaña.
"¿Qué estoy buscando realmente?"
"¿Cuánto de lo que persigo me pertenece verdaderamente?"
"¿Quién soy yo antes de todas estas búsquedas?"
—¿Y si descubro que he vivido persiguiendo cosas que no necesitaba?
—Entonces no habrás perdido tu vida.
Habrás comenzado a recuperarla.
—Maharaj, sigo sintiendo tristeza por esta humanidad.
—Conserva esa tristeza si puede convertirse en compasión.
Pero no la conviertas en desprecio.
"Qué sufrimiento debe existir para que un ser humano viva de esa manera."
—Entonces incluso mi hartazgo puede transformarse.
—Todo puede transformarse cuando es llevado a la consciencia.
Tu hartazgo puede convertirse en discernimiento.
Tu decepción puede convertirse en sobriedad.
Tu rechazo al engaño puede convertirse en amor por la verdad.
Y tu cansancio de la lucha puede convertirse en una vida sencilla.
No necesitas salvar a toda la humanidad.
Comienza por no añadir más violencia al mundo.
No mientas cuando puedas decir la verdad.
No humilles cuando puedas comprender.
No abuses cuando tengas poder.
No conviertas a nadie en enemigo de tu ego.
Y cuando puedas hacer el bien, hazlo sin esperar que el mundo te lo agradezca.
—Para cambiar el mundo entero, quizá no.
Para cambiar tu mundo, sí.
No necesitas abandonar a la humanidad para encontrar la paz.
Necesitas dejar de alimentar dentro de ti aquello mismo que tanto te decepciona cuando lo encuentras afuera.
El mundo seguirá teniendo corrupción.
Seguirá teniendo política.
Seguirá teniendo fanatismo, codicia y engaño.
Pero tú no estás obligado a convertirte en una réplica de aquello que rechazas.
Sé una excepción silenciosa.
No porque seas mejor que los demás.
Sino porque has comprendido que la única revolución verdaderamente profunda comienza cuando un ser humano deja de reproducir aquello que desea que desaparezca del mundo.
Y quizá entonces descubras algo inesperado:
La humanidad no necesita que la odies por estar enferma.
Necesita que algunos de sus hijos recuerden cómo vivir sanamente.