Para observar el eclipse de sol no sirven las gafas de sol normales. La protección existe, es accesible y es eficaz, pero debe cumplir unos requisitos muy específicos.
La investigadora comenta al respecto que el error más común es confundir gafas “oscuras” con gafas “seguras”. Las gafas de sol convencionales, incluso las más oscuras, bloquean apenas entre el 70 y el 90 % de la luz visible, pero dejan pasar gran parte de la radiación ultravioleta e infrarroja casi sin filtrar.
“Son, en este contexto, inútiles y peligrosas. Es por ello por lo que nunca se deben usar gafas de sol para ver un eclipse”, asevera la profesora de la UCM.
Las gafas de eclipse homologadas deben cumplir la norma internacional ISO 12312-2, que establece que la transmitancia -cantidad de luz que atraviesa un material- no puede superar el 0,0032 %. Bloquean más de 100.000 veces más luz que unas gafas de sol normales.
Están fabricadas con un filtro de polímero negro o con láminas de Mylar metalizado que absorben y reflejan por igual la radiación visible, ultravioleta e infrarroja.
¿Cómo reconocer si las gafas de eclipse están homologadas?
El sello ISO 12312-2 debe aparecer impreso en las varillas. Como truco, a través de ellas, solo debería ser visible el disco solar, nada más: ninguna lámpara encendida, ninguna ventana iluminada. Si se ve cualquier otra fuente de luz, el filtro no es suficiente.
Otras opciones válidas para la observación directa incluyen los filtros solares para telescopios y binoculares, que deben colocarse siempre en el objetivo, nunca en el ocular, y la clásica proyección indirecta con una caja estenopeica, que permite ver la imagen del Sol proyectada sobre una superficie sin exponer los ojos en ningún momento.
“Nos puede servir desde una espumadera de la cocina o un colador hasta cruzar los dedos dejando agujeros pequeños entre ellos o el clásico agujero en una hoja con la mina de un lápiz. En resumen, un agujerito pequeñito por el que pueda pasar la luz”, puntualiza Salobar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario