domingo, 31 de marzo de 2019

EL PRIMER HOMBRE FUE MUJER

 EL PRIMER HOMBRE FUE MUJER
-El primer hombre no fue hombre, fue mujer -me dice don Javier enmarañándose en risadas hondas.
-No fue hombre, fue mujer -me está diciendo ahora- así me lo contó un mi compadre campa, un curaca que fue muy famoso y se llamó Inganíteri. Inganíteri, que en idioma ashaninkas significa “está lloviendo”. Hace más de diez años que Inganíteri ya no llueve más, decidió morir, se devolvió a la tierra. Poco antes alcanzó a informarme de qué modo nacimos los humanos. No fue como tú piensas, ya verás.
Mi compadre Inganíteri me dijo que hace miles de lunas, cuando la misma luna no era más que un pedazo de tronco difunto, en ese entonces todo era ceniza. Dios no había nacido todavía siquiera, la tierra toditita era ceniza. Y la luz y las estrellas y el aire, fíjate: el aire mismo, y los bosques, las cataratas, las rocas, los ríos, los pajonales, la lluvia, los lagos pequeños y los que no tienen término, y la salud y el tiempo y los animales que se arrastran y los animales que vuelan o caminan, y los pedregales, las playas, todo lo que ahora existe a su manera, según su condición, lo que podemos ver, lo que no vemos, todo era nada. Y la nada también era ceniza. Mar no había: los océanos también eran sitios vacíos, de ceniza. Así se hallaba el mundo cuando en eso cayó un relámpago sobre un árbol de pomarrosa. Y la pomarrosa era ceniza, todavía no era pomarrosa. Y me contó Inganíteri que en ese instante, de aquel árbol, de aquella pomarrosa quemada y partida por el relámpago, ahí mismito brotó un lindo animal. El tronco de la pomarrosa se abrió en dos, como flor, y de su adentro salió el primer viviente verdadero, un animal que no tenía plumas, que no tenía escamas, que no tenía recuerdos. Y el primer shirimpiáre, el primer jefe brujo que ya vivía en esa época aunque todavía carecía de cuerpo, de todo carecía, disuelto en el aire, el primer shirimpiáre se sorprendió muchísimo y se dijo: “no es pájaro, no es pez, no es animal-animal, no sé lo que será pero sin duda se trata de la mejor obra de Pachakamáite”. Tú sabrás que Pachakamáite es el Padre Dios de los campa. Pachakamáite es Páwa, esposo de Mamántziki, hijo del sol más alto, el sol del mediodía. El primer shirimpiáre, entonces, se quedó largo rato pensando y al fin sentenció: “Tiene que ser humano”. Así dispuso reflexionando fuerte el shirimpiáre número uno y decidió llamar Kaametza a ese animal. Kaametza, que significa en idioma campa “la muy hermosa”. Así fue que comenzamos, con Kaametza, una hembra.
Ni bien brotó de la pomarrosa, ella empezó a buscar. Creía que caminaba, y era cierto, caminaba la selva, atravesando bosques de ceniza, fríos, pero en verdad no caminaba: buscaba, y no sabía qué, sin poder precisarlo por ahora. Así estuvo Kaametza años de años caminandobuscando, cuando una tarde...
-Te he dicho una tarde recalcándolo, con la misma intención con que me lo dijo a mí Inganíteri, sólo por precisar, para que puedas ver mejor lo que estoy recordando, porque entonces no había tarde alguna, tampoco madrugada ni noche ni mediodía. Pasaba el tiempo, si, pero era diferente del que hoy conocemos. También el tiempo era ceniza y carecía de límites, como un río de tres orillas. Fue mucho después que se amansó y dividió. Entonces no existía este tiempo que se fatiga y se echa a descansar igual que gente. No era como ahora, así: troceado. Has de saber que antes, cuando Pachakamáite no había dispuesto que Kaametza naciera, el tiempo no servía para encuadrar el ciclo de lo viviente. No era su profesión marcar el paso de lo que vive a lo que muere y de lo que muere a lo que vuelve a vivir distintamente, eternamente. No. El primer oficio del tiempo fue fabricar felicidad; impedir los daños en la vida, en ésta y en las otras, más allá. Si algo o alguien era ocupado por el mal y lo contagiaba, el tiempo hacía que ese algo o alguien dejara de crecer. No lo mataba, no, porque en la condición del aquel tiempo no cabía la muerte. Lo detenía, lo cual era peor. Y a la vez aceleraba la grandeza de lo grande, desarrollaba a los espíritus de Arriba. A un espíritu joven le daba la experiencia de mil años. No olvides que tenía tres orillas, podía ir y venir al mismo tiempo, y a la vez estaba quieto, fijo, y los paisajes se desplazaban a sus costados, eran ellos quienes regresaban y avanzaban hacia el mar.
-Una tarde, entonces, ante un arroyo que también era de ceniza, Kaametza fue a mirarse, o a beber, o a lavarse. Se agachó hasta las quietas aguas del río que pasaba entre esas tres orillas, y de lo alto del bosque surgió una pantera de espanto, un otorongo negro, bramando. Ella se quedó inmóvil al comienzo, sin siquiera asustarse. ¿Acaso conocía? ¿Acaso tenía conocimiento de lo que era el susto, de lo que era un otorongo enfurecido? Todo era tarde y víspera en el alma de Kaametza, una gran tarde oscura e inocente sobre su entendimiento. Garras, no distinguía, no imaginaba. No había palabras en su mente, ni nombre de ninguna cosa. Pero gracias a ese conocer desconocido, sin conciencia, que hasta hoy poseemos, Kaametza comprendió lo que debía y eludió al otorongo. Y el otorongo volvió a saltar sobre ella, con las uñas afuera, preparadas, como astillas de piedra calcinada. Y Kaametza volvió a esquivarlo. Una y otra vez el otorongo negro quiso atraparla: sólo clavó sus uñas en despecho. Y Kaametza descubrió dentro de sí un temor gigante, comprendió lo cerquita de la muerte. Y sin pensarlo ni proponerse nada, arrancó un hueso de su cuerpo. De aquí en delante, junto a su cintura, mira, así se extrajo una costilla, igual que obedeciendo, sin dolerse, y no le salió sangre, no le quedó señal alguna en la piel, ninguna herida abierta. Y empuñando su hueso, así, como puñal recién afilado, le sajó la garganta al otorongo. Aquí, bien me acuerdo, mi compadre Inganíteri que estaba contándome esta historia, cerró los ojos y se quedó silencio, inmóvil, escuchando no sé, algo que venía de lo hondo del monte, desde los riachuelos que sonaban próximos juntándose a las aguas del Unine. La cara del curaca campa se ancianó, pura tensión, aumentada de arrugas a ambos lados de los pómulos anchos. Al ratito tembló: parecía que su alma regresaba de lejos, de muy lejos, y el cuello le creció llenándose de venas por estallar...
“Y dijo que Kaametza cayó de rodillas luego de matar al otorongo, agradeciendo se postró en la arena de ceniza, al borde de ese río, en la tercera orilla, y contempló el cuchillo que la había salvado, con las manos lo levantó hacia su boca, lo acercó despacito, despacito, diciéndole qué cosas, casi como besándolo tal vez...
... lo levantó tal vez para besarlo, tal vez para decirle cosas suaves, y el cuchillo sacado de su cuerpo no guardaba ni sangre de Kaametza ni sangre del otorongo que la había arañado, y Kaametza le dio las gracias con su aliento, con el cariño de su boca, jadeando, y el hueso se encendió, tembló como aquellos relámpagos que no suenan, que sólo saben alumbrar, ¿has visto?, cuando llueve y no es época de lluvias se ven rayos así, y ella lo soltó como si le chamuscara las manos y el hueso se puso a dar vueltas rehuyéndose y creciendo, igual que un ahogado buscando aire, ocupando una forma que ya estaba en el aire, que lo esperaba desde siempre como un destino en el aire, y que fue pareciéndose cada vez más a Kaametza, apagándose a pocos y volviendo a brillar convirtiéndose en la sombra de un árbol de incendio, en una pomarrosa de sombra, en una piedra de árbol animado, en alguna huella vieja sobre una roca grande, imitando los ojos y los brazo y el pelo de Kaametza como si el cuerpo de Kaametza hubiera tenido siempre un molde allí en el aire esperándolo y después retrocediendo y avanzando de nuevo y brillandoasfixiandosebuscando, buscando diferencias en el aire, diferenciándose de lo idéntico de Kaametza y al final aquietándose y victorioextenuándose sobre la playa de ceniza, en lo oscuro, igualito y distinto a Kaametza.
Así fue que apareció el varón, así aparecimos. Y el primer shirimpiáre que ya por entonces vivía sin vivir, sin cuerpo, apenas, el shirimpiáre número uno que estaba de testigo observándolo todo desde el aire, se alegró mucho y decidió que el hombre viva, decidió que era bueno que el hombre acompañara a la mujer y que juntos se procuraran descendencia, y le obsequió asimismo dándole un nombre. Para que pudiese seguir existiendo le puso nombre, pronunciándolo fuertemente desde el aire... Narowé,
Cesar Calvo. Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía. 1981.

NUNCA ME DIGAS QUE NO PUEDO HACERLO



"Nunca me digas
que no puedo hacerlo.
A mí, que he bailado
con dos corazones.
Y he respirado
con cuatro pulmones.
A mí, que he sido hielo
fuego y viento.
Que he llevado
en mi vientre
el peso de dos mundos,
y he parido
la vida a gritos.
Que he abrazado
a la tristeza sin miedo.
Y he llorado sonrisas.
A mí no me digas
que no soy capaz
de algo.
O de todo."
-Eva López Martínez

miércoles, 27 de marzo de 2019

La magia de las 3 llaves

Oración de volteo o para quitar magia,maldad, mal de ojo y toda clase de mal:
TRES LLAVES
He encontrado a (dios,maría o cualquier dios que creamos ) que tenía tres llaves de oro en su mano. Con una abría, con otra cerraba y con la otra el mal de (nombre) quitaba (y decía): «Yo te quito el mal de magia,maldad, mal de ojo y toda clase de mal: Que el mal de (nom……) se vaya y todo lo mando a la profundidad de la mar, para que esta persona(nombre) no tengan ningún mal.
Tres llaves tinia:
una abría, una cerraba, y con la otra el mal quitaba. (se dice una oración o decreto para cerrar)
Begoña Moreno

martes, 26 de marzo de 2019

El mejor remedio para la resaca.

El mejor remedio para la resaca

Agua, zumos de frutas... El líquido es imprescindible para hacer mucho más llevadera y corta la resaca. Pero entre ellos, hay uno imprescindible: la infusión de menta. Y es que la menta activa la rehidratación, combate el dolor de cabeza y relaja los intestinos, lo que ayuda a expulsar las toxinas. Hierve agua con varias hojas de menta, deja reposar 10 minutos, cuela y deja que enfríe. Si además añades una cucharadita de miel, potenciarás aún más su efecto.

lunes, 25 de marzo de 2019

CONOCER TU FECHA DE MUERTE


En 1978, Juanjo Benítez se prestó a una prueba con el dispositivo electrónico del padre Lucas. Fecha de su muerte: 18 de mayo de 2042 (Foto: Gras)
CONOCER LA FECHA DE LA MUERTE
Un equipo de científicos finlandeses ha puesto en marcha un dispositivo que predice los años que nos quedan de vida.

El sistema se basa en la albúmina que contiene la sangre.

La analítica de éste, y otros biomarcadores (como el citrato, las lipoproteínas y la glicoproteína alfa-1), permite a los científicos establecer los años de vida que le quedan a cada ser humano. Basta un simple pinchazo en un dedo para fijar la proporción de albúmina y conocer el referido periodo de tiempo.

En 1978, un agustino diseñó un dispositivo electrónico que perseguía el mismo fin. El padre Lucas hizo una demostración en la desaparecida Gaceta del Norte. Nadie le prestó atención.

© www.jjbenitez.com

sábado, 23 de marzo de 2019

El ser humano, el único animal que no se adapta al planeta.







El ser humano, el único animal que no se adapta al planeta, que no actúa por instinto debido a su raciocinio, cuya anatomía no está diseñada ni para la caza ni para la supervivencia, de hecho es el único animal que necesita protegerse del frío con ropa. El ser humano, capaz de la máxima crueldad y la máxima bondad, creador de belleza y destructor del planeta...

 Realmente somos de aquí o como "sabían" , nos crearon para estar aquí. Yo no me creo la teoría darwinista, de hecho, tan solo es una teoría, créetela tú si gustas, no entraré en discusiones, el eslabón sigue perdido, y seguirá, para mí no existe.


Si provenimos de una mezcla genética exógena a lo que nos rodea, la falta de respeto de muchos de nosotros va en su código, destruimos aquello que no nos pertenece, y este planeta está plagado de autómatas carentes de alma, han hecho un buen trabajo con la intención de separarnos de nuestra esencia, esencia que suma, no resta.



Cada niño es una bendición que por su pureza, puede sanar lo dañado, y es deber mostrar el cariño y empatía como lección de vida, sino todo carecería de sentido... Somos infinitamente más de lo que nos han hecho creer, el corazón late en la dirección correcta, y aunque echar a los arcontes que nos manipulan es difícil, podremos hacerlo cuando los veamos, solo hay que observar con ese sexto sentido que ahí está, y se llama voluntad.


Tic tac xente, la partida se complica, pero con la intención será batalla ganada😊
El amor es la frecuencia que realmente nos hará vibrar alto, pero la rabia da impulso, así que no la niegues, la new age es una trampa más de los que todo lo controlan.


POr Carola Granda