LA SOMBRA TAMBIÉN FORMA PARTE DEL ÁRBOL.
Cuando el sol aparece...
el árbol no intenta esconder su sombra.
No pelea con ella.
No la niega.
Simplemente comprende que ambas nacen del mismo lugar.
Quizá por eso madurar no significa convertirnos en seres perfectos.
Significa dejar de huir de aquello que también nos habita.
La fortaleza no nace de negar nuestras heridas.
Nace cuando dejamos de permitir que ellas decidan por nosotros.
Porque un árbol que quisiera vivir sin sombra...
tendría que renunciar también a la luz.
Y eso nunca ha sido posible.
La naturaleza nunca separó una de la otra.
Solo el ser humano intenta hacerlo.
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