EL PODER DEL NOMBRE
Reflexionemos: estás en medio de una multitud de personas y escuchas a lo lejos a un desconocido gritando tu nombre y apellido. ¿Qué sientes? curiosidad, asombro, nos preguntamos por qué nos conoce, ¿quién es esa persona?, en fin, nos llama la atención (energia, sintonia, frecuencias en las mismas coordinadas). Esto nos muestra el poder del nombre: nuestro nombre está unido a nuestro ADN, lo sentimos como una síntesis de lo que somos. Es por esto que los antiguos pensaban que cada persona debe tener un nombre UNICO propio que lo identifique y describa en su esencia, no deberían existir nombres repetidos porque ninguno es como tu. Hemos perdido ese poder, hoy copiamos nombres, usamos los que están de moda, o echamos suertes mirando calendarios de santos del día darle nombres a los bebes. Necesitamos saber que el nombre que tenemos no es nuestro, es el que les gustaba a nuestros padres. Necesitamos redescubrir el nombre que yace dentro de nuestra alma, el sello que está sobre nuestra esencia. Los nombres son llaves secretas, abren puertas, son como contraseñas que abren aparatos electrónicos, entonces si son palabras espirituales también pueden abrir mentes y corazones, dan confianza, en los cuentos de hadas abren cuevas secretas (Gandalf abre las puertas de Moria con el nombre de "Melón", en el cuento de hadas de Ali Babà la palabra "ábrete sésamo" era la llave ganadora para entrar en las cuevas), lo mismo sucede con nuestra alma. Los 72 nombres de Dios y los 72 nombres de los demonios son una misma cosa: combinaciones de energías que si se usan y se conocen nos ayudan a ponernos en la misma frecuencia que esa energía para abrir este flujo energético interno (las cuevas de la psique). Todo el misticismo esotérico de la Cábala antigua (llamada Shem haMèforash) es el estudio detallado de estos nombres sagrados y mágicos.
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